Antecedentes y Contexto de Juan 14
En Juan 14, en la noche de su arresto, Jesús estaba en la habitación de arriba, hablándole a sus discípulos para consolarlos y prepararlos para su inminente partida. Después de prometer que regresaría para ellos en el Rapto (Juan 14:2-3), y declarar la necesidad y la exclusividad de la fe en Él para la salvación (Juan 14:6), Jesús relata su unidad esencial con el Padre (Juan 14: 7-11). Una de las evidencias que ofrece Jesús a sus discípulos, por su unidad esencial con el Padre, son las obras milagrosas que ha hecho entre ellos (Juan 4: 11b). Estas obras o señales milagrosas que realizó Jesús fueron numerosas (Juan 20:25) y estaban destinadas a demostrar la divinidad y la credibilidad del Mensajero (Hechos 2:22).
" Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre." (Juan 14:12 - NVI)
En Juan 14:12, Jesús promete a sus discípulos, y a todos los que más tarde los seguirían ("aquel que cree"), que como creyentes en Él, no solo harán lo que Él había hecho, sino incluso obras mayores. Jesús hizo esa promesa basándose en el conocimiento de que, aunque Él los dejaría, el Padre enviaría al Espíritu Santo a residir dentro de ellos, capacitándolos para el ministerio. (Juan 14: 16-17)
Mayores obras que estas
La pregunta surge de inmediato: "¿En qué sentido los apóstoles realizaron obras iguales o mayores que Jesús?" Ciertamente no tenían el mismo poder, ya que Jesús realizó muchos milagros de la naturaleza (es decir, calmó el mar, convirtió el agua en vino, capturó peces inexplicablemente, sacó dinero de la boca de un pez, alimentó a 5000, etc.), que los discípulos nunca realizaron. Además, los apóstoles no realizaron mayores milagros físicos, ya que ¿qué podría ser mayor que resucitar a alguien de entre los muertos? Así, concluimos que cuando Jesús habló de milagros mayores, se estaba refiriendo al milagro de la conversión de un pecador, que los apóstoles realizaron en un mayor sentido cuantitativo.1,2 Encontramos apoyo bíblico para esta visión en Juan 5:20 -21, donde Jesús habló de sí mismo haciendo obras mayores que la resurrección de los muertos del Padre, por medio de la vida espiritual que Él (Jesús) impartió.
La realidad de las obras mayores de los apóstoles se puede ver en Hechos 2:41, donde en respuesta al sermón de Pedro en Pentecostés, 3000 se volvieron creyentes.
Este es un éxito mucho mayor del que Jesús disfrutó en su ministerio de predicación.3 Otra indicación de las "obras mayores" del discípulo es tanto la vasta área sobre la cual difundieron el Evangelio, así como los reyes y gobernantes gentiles que pudieron atestiguar. Esto contrasta con el ministerio terrenal de Jesús, en el que nunca viajó fuera de Palestina, ni tuvo un contacto significativo con el mundo pagano.
¿Qué Hay de la Iglesia Hoy en Día?
Por último, la fuerza de la declaración no se ha perdido en la iglesia hoy. A través de nuestra propia comunión, de nuestros misioneros, llevamos el Evangelio a las partes remotas de la tierra, al habitante urbano sofisticado de Japón y Austria, y a través de la radio de onda corta, a las selvas de Indochina, solo para nombrar a pocos. Además, todos y cada uno de nosotros tenemos el privilegio y la alegría de interactuar y compartir el Evangelio con personas que Jesús, en su ministerio terrenal, nunca pudo haber conocido. Así, aunque los signos milagrosos se desvanecieron con la maduración de la Iglesia y la escritura del Nuevo Testamento (vea el artículo titulado “Comprender los dones espirituales”), no hemos perdido nada en términos de nuestro poder evangelístico. Tenemos las Escrituras completas que dicen claramente: "Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo" (Ro. 10:17 NVI). Seamos fieles entonces para utilizar el poder que tenemos para continuar haciendo esas obras mayores.
Este artículo es propiedad intelectual 1999 de David C. Forsyth. Puede ser citado, en parte o en su totalidad, sin permiso.
NOTAS FINALES
- Lenski, R. C. H., The interpretation of St. John’s Gospel (La interpretación del Evangelio de San Juan), Augsburg: Minneapolis, 1943, pg. 989.
- Hendriksen, William, The Gospel of John (El Evangelio de Juan), Baker: Grand Rapids, 1953, pg. 272-73
- Tenney, Merrill C., Expositors Bible Commentary, Zondervan (Comentario bíblico de expositores, Zondervan): Grand Rapids, 1981, 9:145
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